Por el lenguaje hacia el descrédito de la política

La desafección de la gente hacia la política es un hecho. La abstención batirá marcas nunca vistas dentro de unas semanas en las elecciones al Parlamento Europeo. Al renunciar a sus derechos cívicos, los ciudadanos pasan a ser la gente. Y la gente está muy lejos de lenguajes impostados, de lo políticamente correcto o de enfoques maniqueos e infantiles a los que se someten tantos políticos con argumentarios ridículos que reciben como comunión diaria.

En algún lugar de España comprobé que políticos y periodistas hablan normalmente en español hasta que colocan la alcachofa y enfocan la cámara. Entones pasan al gallego.

Alguien dijo que había que llevar a la ley lo que ya era normal en la calle. Me pregunto si el empeño de los políticos en hablar un lenguaje artificial, distinto del que hablamos los de a pie, no contribuye a esa desafección. Rechina oír: “las y los socialistas queremos que las personas desempleadas encuentren su plena realización como trabajadoras y trabajadores”.

Si un político dice que la gente considera menos importante la vida de una mujer asesinada por su marido que la de una persona asesinada por ETA porque los medios de comunicación dedican más espacio a la segunda, temo que la distancia entre los ciudadanos y sus representantes crece. Pese a no ocupar más espacio a lo sumo que una humilde esquela, la gente de a pie considera que nuestros muertos son tan importantes como los asesinados de una u otra forma.

Sentí el mismo dolor por la muerte de Ana Isabel Aróstegui que por la de Francisco Javier Mijangos, ambos ertzaiñas y asesinados por ETA en 2001, o por la de Irene Fernández que la de José Ángel de Jesús, guardias civiles los dos, asesinados por la banda en 2000.

Ser del mismo sexo que la mayoría de las víctimas en Siria o Ucrania no me hace sentirme más cercano de lo que pueda sentirse una mujer española, tan indignada como yo por esas muertes absurdas.

Cuando los mensajes que a los ciudadanos nos llegan de los políticos se alejan de lo natural, lo evidente, lo lógico, y se revisten de artificiosidad y pompa, aumenta la distancia entre representantes y representados.

Y poco futuro tiene un sistema político que se basa en una constitución redactada en un lenguaje tan alejado del idioma de la gente como la de la que extraigo estos párrafos:

“Cuando haya dudas se aplicará la norma que beneficie al reo o a la rea”.

“No podrá ser elegido Presidente o elegida Presidenta de la República quien esté de ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Ministro o Ministra, Gobernador o Gobernadora y Alcalde o Alcaldesa, en el día de su postulación o en cualquier momento entre esta fecha y la de la elección”.

“Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad, podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y aquellos contemplados en la ley orgánica de la Fuerza Armada Nacional”.

 

 

 

 

 

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