Debate europeo, Sálvamedelux hispano

ImageAyer los candidatos a presidir la Comisión Europea, el socialista Martin Schulz y el democristiano Jean Claude Junker, debatieron, por tercera vez, sobre Europa y sus programas políticos. Esta vez fue en alemán y en la televisión pública alemana, sometiéndose a preguntas del público y periodistas y sin que los adversarios tuvieron que disfrazarse de encarnizados enemigos para ocultar que en realidad son amigos. La anterior vez, junto a otros cuatro candidatos, se celebró en la sede del Parlamento Europeo en Bruselas ante un público animoso y participativo (aplaudían y abuchearon incluso respetuosamente en una ocasión) y  fue retransmitido por varias televisiones con intérpretes que traducían del griego, inglés, alemán y francés. Hubo un primer debate también entre Junker y Schulz.

Contrasta esa viva campaña europea con el patio de monipodio en el que parece que se ha convertido esta campaña electoral en la cual políticos y medios de comunicación centran sus focos en asuntos ajenos a la política europea, hurtando a los ciudadanos un debate real. Interesa más la crónica negra leonesa que la necesaria unión económica y fiscal; importa más la corrección política del “las europeas y los europeos” que la capacidad y competencia para ejercer un cargo de alta responsabilidad; se combate al candidato conservador por su machismo sociológico propio de la sociedad española en lugar de por su pésima gestión como ministro de Medio Ambiente… Ya habrá tiempo para arrepentirse cuando el próximo comisario español sea simple comisario en vez de vicepresidente de la Comisión y tenga que encargarse de Multilingüismo en lugar de Transporte o de Asuntos Económicos. Quizás hayamos conseguido ya que sea Ana Mato y no Miguel Arias.

Falta en España una cultura de debate y bastante desconocimiento de lo que es Europa: un conjunto de valores, un fondo cultural, una historia común, un patrimonio artístico que todos compartimos. Necesitamos recuperar un hilo conductor que nos ponga de nuevo en la pista del proyecto común. Ni Bankia, ni la burbuja inmobiliaria, ni la millonada que los clubs de fútbol patrios adeudan a la Seguridad Social y a Hacienda, ni los privilegios de la Iglesia, ni el fracaso escolar, ni el destrozo de nuestras costas, ni la falta de ordenación territorial, ni el memorial de despilfarros públicos de las últimas décadas, ni los AVEs de vuelo corto, ni los aeropuertos sin aviones…  son cosas que nos impuso Merkel, Draghi o Barroso, a quien por cierto apoyamos hace cinco por el simple hecho de ser portugués. Schulz, Junker y Verhofstad lo harán, sin duda, mejor. La esperanza viene de Europa.

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