¿Otro cierre en falso?

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En política, el orden de los factores sí altera el producto. No conviene, para avanzar, poner la carreta delante de los bueyes. El mal (por emplear un eufemismo) resultado del PSOE en las elecciones europeas, que empeora aún los que ya eran pésimos de las generales y de las municipales y autonómicas de 2011, hace que quizás estemos ante la última oportunidad para poner fin al declive y recuperar electores que nos han abandonado.

Ningún partido tiene suelo electoral. Que se lo pregunten a los de la UCD, que desapareció poco después de que Adolfo Suárez le augurara 107 años de gobierno. O al PASOK griego, otrora omnipresente y ahora escondido tras otra marca electoral para así alcanzar un triste 7%.

Los ciudadanos no darán al Partido Socialista derecho a más errores. En Europa resurgen el fascismo, la xenofobia, el racismo y el nacionalismo que condujo en 1914 a una sangrienta guerra continental. En España la crisis política que acompaña a una cruel crisis económica ha debilitado considerablemente a los dos principales partidos, presos de sus propios errores y del alejamiento de sus respectivos electorados. Ello puede abocar a España a un horizonte de ingobernabilidad. Un parlamento muy fragmentado donde los escaños se reparten entre muchos partidos será más divertido, pero impedirá la formación de un gobierno estable y de una oposición que se erija en alternativa democrática. Los parlamentos muy fraccionados, como en la segunda mitad del siglo XX en Italia y en Bélgica, conducen a que un partido se perpetúe como núcleo de gobierno (50 años de gobiernos de la democracia cristiana en los países citados). En países con bipartidismo, y sistemas mayoritarios, como el  Reino Unido y los Estados Unidos, lo normal es la alternancia política.

En pleno congreso federal del PSOE, en 1997, Felipe González anunció por sorpresa que no se presentaría a la reelección, impidiendo así de hecho que se prepararan otras candidaturas distintas de la continuista y de su preferencia, la de Joaquín Almunia. Esa hipoteca de origen se trató de saldar con unas primarias inéditas, en mayo de 1998. Con todos los aparatos en contra, las ganas de abrir una nueva etapa de la mayoría de la militancia dio la victoria al outsider José Borrell. Un error fue no dejar que Almunia dimitiera. Mayor error fue la obstaculización por parte del aparato a la tarea y liderazgo del candidato aupado por las bases. Tras la renuncia de Borrell, otro error más fue la candidatura del perdedor de las primarias. El resultado fue una derrota electoral estrepitosa y la mayoría absoluta de Aznar, en 2000, que dio paso a un gobierno belicoso, aventurista en la escena internacional, y de ribetes autoritarios de puertas para adentro.

En democracia el voto de cada ciudadano es directo y secreto. Cuantos más filtros tenga una elección orgánica en un partido, más se apartará de la voluntad de los sujetos últimos -la militancia- y menos se parecerá a lo que son unas elecciones. Los militantes votan (en listas cerradas y bloqueadas) a unos delegados en sus asambleas locales que van a un congreso insular o provincial, los cuales a su vez eligen a otros delegados que van a su vez al congreso federal y allí votan, en tercera y última instancia, al secretario general. Todo ello en votaciones secretas y tras negociaciones igualmente secretas, de manera que el militante no tiene ni idea de a dónde ha ido su voto. Eso y firmar un cheque en blanco es bastante parecido.

Nada que ver el modo de elección, directo por los militantes, del máximo dirigente de los socialistas franceses o alemanes, por ejemplo. O del candidato socialista a la presidencia de Gobierno, como se establece en los estatutos del PSOE.

Si se pretende una componenda entre el aparato saliente con la baronesa en auge y los varones/barones capitidisminuidos, el proceso que Rubalcaba ha propuesto y la ejecutiva federal ha respaldado es el adecuado: un congreso federal extraordinario en lugar de adelantar las primarias para elegir al nuevo líder socialista en una elección abierta entre militantes y simpatizantes. El congreso federal lo tiene que convocar el Comité Federal, que con el cambio de siglo perdió el sentido crítico que tuvo para pasar a ser una unción trimestral del secretario general.

Si, por el contrario, se quiere abrir una nueva etapa que vuelva a hacer del PSOE una alternativa de gobierno, recuperando la mayoría social, que en España está en el centro izquierda y en la izquierda, lo que procede es que los que quieran liderar el socialismo democrático en España se sometan al voto de militantes y simpatizantes tras una campaña abierta y debates públicos para exponer sus respectivos programas.

Si no vuelven a confiar en el PSOE los electores que han optado por la abstención o por formaciones que tienen como modelo político y social el venezolano en vez del noruego, tendremos para rato derecha y llegarán a España los lobos que ya andan sueltos en tantos países de Europa.

La militancia tiene que poner los bueyes delante de la carreta. Sin un PSOE a la altura de la confianza de los ciudadanos podremos escribir la historia de nuestro futuro recuperando la lección última de los reyes godos: “Oscuro e incierto de se presentaba el reinado de Witiza…”.

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