70 por ciento de juezas

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Entre las mujeres que tengo más cerca hay una octogenaria con cuya pensión ahora tiene que alimentar a varios hijos y dos nietos. Otra mujer es cincuentona y parada de larga duración. Otra, minusválida cuyas prestaciones y servicios sociales se han visto recortados. Otra, adolescente, cuyo padre divorciado no pasa la pensión de alimentos. Otra joven quiere estudiar Formación Profesional pero hay pocas plazas para mucha demanda. Otras pasan frío porque no pueden pagar la calefacción. Conozco una que implora al banco para que se quede con su piso hipotecado y la dejen en paz: lo que le queda por pagar supera por mucho el precio que podrían darle por malvenderla. Otra amiga jubilada fue víctima de su sucursal de la Caja de Ahorros de siempre: la convencieron para que pusiera sus ahorros de 40 años de maestra en acciones preferentes…

Todas estas mujeres me hablan de sus problemas, de sus inquietudes, de sus sueños frustrados. Ninguna de ellas me ha hablado jamás de la necesidad de que en los consejos de administración del IBEX 35 la mitad de los consejeros sean mujeres, ni de las listas cremallera, ni de la democracia paritaria.

Conozco también hombres en las mismas circunstancias que las mujeres de las que hablaba en el primer párrafo: jóvenes o viejos golpeados por la crisis.

Entre los políticos y los ciudadanos hay un foso que se agranda cada vez más. Más se agranda el foso entre ese partido y el electorado, más votos pierdes. Si los representantes hablan un idioma distinto de los representados; si emplean modismos, o lo que los lingüistas llaman idiotismos (“entre todos juntos y juntas”), ajenos a como habla el pueblo;  si abordan asuntos que suenan a chino a los ciudadanos, etc. irás pasando de la mayoría a la minoría y de la minoría a la marginalidad.

Entre los “logros” de lo políticamente correcto está el que por “igualdad” no se entienda ya la situación idílica en la que se hayan superado las injusticias sociales, las diferencias de clase entre ricos y pobres, entre opresores y oprimidos, en la emancipación de la clase trabajadora. Por igualdad, en el lenguaje políticamente correcto, se entiende ahora listas cremallera, consejos de administración del IBEX 35 al 50% entre hombres y mujeres, así como emplear expresiones como “juntos y juntas”, “las y los socialistas”, “las personas docentes”, etc. Ni hablan así las mujeres que yo conozco ni esas son sus preocupaciones.

Imagino que las mujeres que han obtenido en este año plaza de juez, que son el 70% de quienes han pasado por la Escuela Judicial tras haber aprobado unas durísimas oposiciones, estarán en contra de que se queden sin juzgado algunas de ellas para dar entrada a compañeros suyos que sacaron peores puntuaciones que ellas y así llegar a la paridad.

Las mujeres que en lugar de propuestas políticas en una campaña electoral no ven más que intentos de caricaturizar al adversario político tras haber caído en una incorrección política (dejemos aparte su baja inteligencia emocional) y que reciben propaganda electoral expresada en términos futbolísticos acaban por dar la espalda a “los y las” que se han separado tanto y apenas consiguen ver ya de tanto que se ha ensanchado el foso.

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