La casta mediática

 

 

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Cebrián y PRISA, Julio Ariza, José Manuel Lara Planeta, Pedro Jeta, Marhuenda y La Sin Razón, el conde de Godó, los monarcasposos de ABC, Barroso, Asensio y Zeta, los obispos de la COPE…

¿Alguien cree que el Pedro Morenés manda más que ellos? ¿Que quién es Pedro Morenés? ¡El ministro de Defensa! No, él no decide sobre ascensos a generalato, ni si declaramos la guerra a un país molesto, no. Manda, como la mayoría de sus colegas ministros, mucho menos que la casta mediática.

La casta mediática es parte del  establisment, ese conglomerado de intereses financieros y políticos que pretenden la “estabilidad”, es decir, que las injusticias sociales y la desigualdad no se cuestionen en el Consejo de Ministros. Que los derechos de los consumidores no prevalezcan sobre los de las grandes corporaciones; que los derechos de los trabajadores españoles mengüen para que las empresas españolas puedan competir con los costes laborales de Marruecos o de Bangladesh; que en su carrera por el share y la publicidad, los poderes públicos no cuestionen la telemierda de sus televisiones, que emiten gracias a concesiones del Estado; que la cultura sea considerada artículo de lujo y el fútbol, de interés general; que donde el Estado aún tiene algo de valor (sanidad pública, educación, AENA, Loterías…) se privatice para los de la casta financiera-mediática; que sus empresas quebradas pasen al sector público para que los contribuyentes nos hagamos cargo de sus deudas; que la crisis financiera y la explosión de la burbuja inmobiliaria (y la burbuja del fútbol) la paguen los humildes por la vía de la socialización del dolor, sin que nadie plantee algo similar al principio medioambiental de “quien contamina, paga”; etc.

Para mantener sus intereses, la casta mediática interviene a diario en política. Demoniza a unos, da cancha a otros, silencia a algunos… Lo disfrazan de pluralidad. Si les molesta una alternativa de gobierno real, en torno a un PSOE anclado en la izquierda, pretenderán eliminarla desde la raíz. ¿Que les interesa dividir el electorado cabreado? Pues designemos a su  portavoz en nuestras televisiones (Intereconomía, La Sexta, Cuatro, etc.) y “enfrentémosle” con un patético Marhuenda para hacerlo pasar por sensato y posibilista a los ojos de la mayoría de izquierda. Dice ese portavoz que la campaña de su partido a las elecciones europeas ha costado sólo cien mil euros. ¿En cuánto dinero valora las horas de publicidda gratuita con que la casta mediática le ha beneficiado?

Cuando los militantes socialistas votaron por Borrell en las primarias de abril de 1998, la casta mediática entonces le marcó los pasos, la senda neoliberal que no podría abandonar. El resultado es que un año después, Borrell tuvo que abandonar acosado por esa casta mediática y con la inestimable ayuda de tantos “compañeros”, que ahí siguen.

La historia se repite y la casta mediática tiene sus protegidos e intereses en cada terreno de juego. No son tan torpes como para jugar en un tablero de ajedrez cuando saben que las partidas son múltiples, por lo que la casta mediática juega unas simultáneas. Y en cada tablero tiene sus peones. Con discursos incendiarios, aspecto que el Ritz resulta heterodoxo… pero aliados técnicos.

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