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Blanco gorro o gorro blanco

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De Gaulle convocó un referéndum en Francia para ceder competencias a las regiones y reformar el Senado (mayo de 1969). Lo perdió. Horas después, dimitía.

Se presentaron a las elecciones presidenciales su ex primer ministro, Georges Pompidou, el democristiano Alain Poher, el comunista Jacques Duclos, los socialistas Gaston Deferre y Michel Rocard y el trotskista Alain Krivine. La división de la izquierda hizo que los dos candidatos conservadores pasaran a la segunda vuelta.

Cuando preguntaron al comunista qué consigna de voto iba a dar a sus electores (había obtenido un buen resultado, el 21%) para la segunda vuelta entre Pompidou y Poher, Duclos respondió: “C’est bonnet blanc ou blanc bonnet”. Es gorro blanco o blanco gorro.

Lo mismo me da que me da lo mismo.

 

La casta mediática

 

 

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Cebrián y PRISA, Julio Ariza, José Manuel Lara Planeta, Pedro Jeta, Marhuenda y La Sin Razón, el conde de Godó, los monarcasposos de ABC, Barroso, Asensio y Zeta, los obispos de la COPE…

¿Alguien cree que el Pedro Morenés manda más que ellos? ¿Que quién es Pedro Morenés? ¡El ministro de Defensa! No, él no decide sobre ascensos a generalato, ni si declaramos la guerra a un país molesto, no. Manda, como la mayoría de sus colegas ministros, mucho menos que la casta mediática.

La casta mediática es parte del  establisment, ese conglomerado de intereses financieros y políticos que pretenden la “estabilidad”, es decir, que las injusticias sociales y la desigualdad no se cuestionen en el Consejo de Ministros. Que los derechos de los consumidores no prevalezcan sobre los de las grandes corporaciones; que los derechos de los trabajadores españoles mengüen para que las empresas españolas puedan competir con los costes laborales de Marruecos o de Bangladesh; que en su carrera por el share y la publicidad, los poderes públicos no cuestionen la telemierda de sus televisiones, que emiten gracias a concesiones del Estado; que la cultura sea considerada artículo de lujo y el fútbol, de interés general; que donde el Estado aún tiene algo de valor (sanidad pública, educación, AENA, Loterías…) se privatice para los de la casta financiera-mediática; que sus empresas quebradas pasen al sector público para que los contribuyentes nos hagamos cargo de sus deudas; que la crisis financiera y la explosión de la burbuja inmobiliaria (y la burbuja del fútbol) la paguen los humildes por la vía de la socialización del dolor, sin que nadie plantee algo similar al principio medioambiental de “quien contamina, paga”; etc.

Para mantener sus intereses, la casta mediática interviene a diario en política. Demoniza a unos, da cancha a otros, silencia a algunos… Lo disfrazan de pluralidad. Si les molesta una alternativa de gobierno real, en torno a un PSOE anclado en la izquierda, pretenderán eliminarla desde la raíz. ¿Que les interesa dividir el electorado cabreado? Pues designemos a su  portavoz en nuestras televisiones (Intereconomía, La Sexta, Cuatro, etc.) y “enfrentémosle” con un patético Marhuenda para hacerlo pasar por sensato y posibilista a los ojos de la mayoría de izquierda. Dice ese portavoz que la campaña de su partido a las elecciones europeas ha costado sólo cien mil euros. ¿En cuánto dinero valora las horas de publicidda gratuita con que la casta mediática le ha beneficiado?

Cuando los militantes socialistas votaron por Borrell en las primarias de abril de 1998, la casta mediática entonces le marcó los pasos, la senda neoliberal que no podría abandonar. El resultado es que un año después, Borrell tuvo que abandonar acosado por esa casta mediática y con la inestimable ayuda de tantos “compañeros”, que ahí siguen.

La historia se repite y la casta mediática tiene sus protegidos e intereses en cada terreno de juego. No son tan torpes como para jugar en un tablero de ajedrez cuando saben que las partidas son múltiples, por lo que la casta mediática juega unas simultáneas. Y en cada tablero tiene sus peones. Con discursos incendiarios, aspecto que el Ritz resulta heterodoxo… pero aliados técnicos.

Pasarela Cibeles

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Una buena percha, una sonrisa permanente, un curso de kinesia o lenguaje corporal, unas cuantas horas dedicadas a estudiar los discursos de Obama y, sobre todo, un discurso tan lleno de emociones (“mis abuelos, mis padres, mi mujer, mis hijas…”) como vacío de programa político, sin salirse un milímetro de lo políticamente correcto.

Fernando Collor de Mello alcanzó la presidencia de Brasil por sufragio universal. ¿Sus méritos? Una buena planta y el apoyo descarado de Globo Televisión y otros medios propiedad de su familia. Una cara nueva llegaba a la presidencia, pero para seguir las viejas prácticas de corrupción, sobornos, nepotismo y las políticas neoliberales privatizadoras.

Han pasado 24 años desde la elección de Collor de Mello. En este tiempo, hay quien reduce el pensamiento político y filosófico a los 140 caracteres de un tuit. El éxito es colocar un  titular en el telediario más que transformar la sociedad. La ciudadanía se aleja de una política de conjunto vacío cuyos elementos suman cero.

Quienes creemos que el poder está en los ciudadanos somos conscientes del riesgo de la manipulación por parte de empresas audiovisuales, de gabinetes de prensa o de expertos en comunicación. Cuando la política se convierte en un envoltorio, la gente se aleja. Más programa, menos sonrisas.

Il Braghettone, en el Tribunal Supremo

 

“Il Braghettone” fue el apodo con que el pintor Daniele da Volterra pasó a la historia tras cumplir el encargo del papa Pío V para cubrir los genitales que Miguel Ángel había dejado a la vista en “El Juicio Final”, en la Capilla Sixtina.

La moralidad de ese Papa ha llegado a nuestro Tribunal Supremo seis siglos después porque magistradas y vocales del CGPJ se han sentido ofendidas por un cartel que reproduce un detalle de un fresco de Alcalá-Galiano, quien hizo una alegoría de la Justicia pintando una mujer desnuda.

Los extremeños se tocan y el espectro de Jomeini se alegrará al saber que en el Supremo español y el Consejo General del Poder Judicial contamos con mujeres tan pudorosas. La momia de Mónica Plaza respirará satisfecha.

Carolina y Raquel, de 21 y 25 años, han sido las creadoras del cartel censurado por las inquisidoras del supremo Tribunal, premiado por un jurado compuesto por tres ujeres y un hombre. Tiemble Rouco Varela. Bien puede ser él el próximo sujeto de reprobación por exhibir en retablos y capillas de iglesias lujuriosas mujeres mostrando su desnudo pecho con la mendaz excusa de amamantar al Niño Dios.

 

http://politica.elpais.com/politica/2014/06/11/actualidad/1402491426_341616.html

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Sí, ¡que se jubile!

 

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Isabel López i Chamosa, diputada socialista por Barcelona, ha expresado esta mañana durante  la votación del Congreso lo que creo que es el sentir mayoritario del pueblo español.

Se votaba el proyecto de Ley Orgánica que la Constitución exige para hacer efectiva la decisión de abdicar de Juan Carlos I. Quienes han votado en contra no han hecho otra cosa que oponerse a aceptar esa abdicación y condenar al abdicado y a todos nosotros a prolongar la tan alta y prolongada magistratura de este señor.

López i Chamosa, portavoz socialista para el seguimiento del Pacto de Toledo, que vela por el mantenimiento de las pensiones, ha hecho bien en desear que el egregio septuagenario se jubile. A estas poderosas razones humanitarias de la parlamentaria barcelonesa se unen criterios prácticos políticos, ya que el actual jefe del Estado no está en condiciones de representar a España en el mundo, lo que es un elemento fundamental del titular de la Corona.

Creo que esta mujer sería una magnífica sucesora del gris Pere Navarro.

 

 

Porcentaje de paro, de delegados, de diputados

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En pocos días se elegirán en las agrupaciones locales socialistas las asambleas para elegir delegados que vayan al respectivo congresillo provincial/insular, que, a su vez, elegirá a los delegados que acudan al congreso federal extraordinario que elija la nueva comisión ejecutiva federal.

En los años de bonanza para el PSOE, los congresos federales congregaban cientos de coches oficiales de ministros y altos cargos institucionales y orgánicos. Recuerdo una noticia en los ochenta: ¡Entre el millar de delegados del congreso federal del PSOE había un parado! Si se hubiera respetado el porcentaje, habría correspondido 200 delegados desempleados.

Para este congreso federal debería haber 250 delegados que estén en paro. ¿No presume Felipe González de que el PSOE es el partido que más se parece a España? Pues eso. Y de los delegados canarios, que el 32% estén en el INEM, por favor. Quizás así Ferraz y las nuevas baronías logren sintonizar con el pulso de la calle y entender sus problemas. Y sirvan esas mismas cuotas para candidaturas a las elecciones de ahora en adelante.

Espero a que Susana Díaz termine su romería a La Sin Pecado para comentarle la idea.

Monarquía: la institución y la persona

 

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Cuando critico ante amigos míos los reiterados patinazos de Juan Carlos I y algunos de sus familiares, me replican con vehemencia. Suelo preguntarles si lo que defienden es la institución monárquica o la persona que hasta hoy ha sido jefe de la Casa Real. Nunca me he encontrado a alguien, pero podría haberlo, que defienda la institución monárquica, pero critique el borbonismo de Juan Carlos (¿quién era él para empujar a dimitir en 1981 a un presidente del gobierno legitimado por los representantes del pueblo?), su inexplicable fortuna, sus cacerías de paquidermos o úrsidos en días de labor en los que tenía que estar en palacio ejerciendo de Jefe del Estado, sus labores de comisionista ante jeques y emires, su desvergüenza al permitir que su amante viva en La Zarzuela a costa del contribuyente, y tantos casos que empeñan las numerosas luces que este señor ha tenido en su reinado.

A diferencia de su prima inglesa o su concuñada danesa, Juan Carlos se ha metido en berenjenales de los que, roto hace dos años el cocoon protector de los medios de comunicación, no ha salido indemne. Bien es verdad que ni Gran Bretaña ni Dinamarca acostumbran a desangrarse cada generación en guerras civiles ni Isabel, ni Margarita empezaron sus reinados con poderes dictatoriales y se capitisminuyeron a meras figuras representativas.

De mal nacidos es ser desagradecidos. Era un niño en esos años, pero consciente del cambio histórico que se operaba cuando se gestó lo que los nuevos puristas de izquierda llaman “el régimen de 1978”. En mi retina quedaron las imágenes de la Pasionaria en un mitin que dio en junio de 1977 en mi ciudad, la misma, junto Carrillo y Rafael Alberti, que se levantó respetuosamente cuando los reyes entraron para abrir el periodo de sesiones de esas Cortes elegidas por sufragio universal. Y tengo más que agradecer a quienes como Dolores Ibarruri, Santiago Carrillo, Gutiérrez Mellado, Adolfo Suárez, Ramón Rubial, Josep Tarradellas, Manuel Fraga… trabajaron por la reconciliación nacional que a los Monedero, Pabloiglesias o Alberto Garzón, quienes descalifican ese proceso histórico único con el nombre de “régimen del 78”. Fueron Pasionaria, Suárez y Fraga quienes me ahorraron una larga mili en cualquier frente de batalla ibérico, algo que agradeceré siempre al PCE aunque sus actuales responsables no reconozcan el mérito a sus mayores.

Lo que más me gusta de Felipe y su mujer es que lo peor que les pueden encontrar es que Letizia está muy flaca. Apuesto por el utilitarismo y la monarquía puede servir, por ejemplo, para que quepan en ella tanto los de la indisoluble unidad de la Patria, que anhelan una España como la de los Reyes Católicos, y los catalanes que quieren un estado propio y que podrían tragar por esa España de los Reyes Católicos que no era más que una unión personal de Isabel y Fernando en la que ni siquiera se hablaba de España. Hala, problema catalán resuelto.

Seamos generosos. Démonos una oportunidad. Los experimentos, con gaseosa. Agradezcamos a Juan Carlos los servicios prestados, que no han sido pocos. Deseémosle paciencia con posibles demandas de filiación e inspecciones de Hacienda. Y aprovechemos este cambio de época que estamos viviendo para dejar atrás la crisis política, económica y social en la que llevamos demasiado tiempo.

70 por ciento de juezas

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Entre las mujeres que tengo más cerca hay una octogenaria con cuya pensión ahora tiene que alimentar a varios hijos y dos nietos. Otra mujer es cincuentona y parada de larga duración. Otra, minusválida cuyas prestaciones y servicios sociales se han visto recortados. Otra, adolescente, cuyo padre divorciado no pasa la pensión de alimentos. Otra joven quiere estudiar Formación Profesional pero hay pocas plazas para mucha demanda. Otras pasan frío porque no pueden pagar la calefacción. Conozco una que implora al banco para que se quede con su piso hipotecado y la dejen en paz: lo que le queda por pagar supera por mucho el precio que podrían darle por malvenderla. Otra amiga jubilada fue víctima de su sucursal de la Caja de Ahorros de siempre: la convencieron para que pusiera sus ahorros de 40 años de maestra en acciones preferentes…

Todas estas mujeres me hablan de sus problemas, de sus inquietudes, de sus sueños frustrados. Ninguna de ellas me ha hablado jamás de la necesidad de que en los consejos de administración del IBEX 35 la mitad de los consejeros sean mujeres, ni de las listas cremallera, ni de la democracia paritaria.

Conozco también hombres en las mismas circunstancias que las mujeres de las que hablaba en el primer párrafo: jóvenes o viejos golpeados por la crisis.

Entre los políticos y los ciudadanos hay un foso que se agranda cada vez más. Más se agranda el foso entre ese partido y el electorado, más votos pierdes. Si los representantes hablan un idioma distinto de los representados; si emplean modismos, o lo que los lingüistas llaman idiotismos (“entre todos juntos y juntas”), ajenos a como habla el pueblo;  si abordan asuntos que suenan a chino a los ciudadanos, etc. irás pasando de la mayoría a la minoría y de la minoría a la marginalidad.

Entre los “logros” de lo políticamente correcto está el que por “igualdad” no se entienda ya la situación idílica en la que se hayan superado las injusticias sociales, las diferencias de clase entre ricos y pobres, entre opresores y oprimidos, en la emancipación de la clase trabajadora. Por igualdad, en el lenguaje políticamente correcto, se entiende ahora listas cremallera, consejos de administración del IBEX 35 al 50% entre hombres y mujeres, así como emplear expresiones como “juntos y juntas”, “las y los socialistas”, “las personas docentes”, etc. Ni hablan así las mujeres que yo conozco ni esas son sus preocupaciones.

Imagino que las mujeres que han obtenido en este año plaza de juez, que son el 70% de quienes han pasado por la Escuela Judicial tras haber aprobado unas durísimas oposiciones, estarán en contra de que se queden sin juzgado algunas de ellas para dar entrada a compañeros suyos que sacaron peores puntuaciones que ellas y así llegar a la paridad.

Las mujeres que en lugar de propuestas políticas en una campaña electoral no ven más que intentos de caricaturizar al adversario político tras haber caído en una incorrección política (dejemos aparte su baja inteligencia emocional) y que reciben propaganda electoral expresada en términos futbolísticos acaban por dar la espalda a “los y las” que se han separado tanto y apenas consiguen ver ya de tanto que se ha ensanchado el foso.